31 Diciembre 2009
Craven y Cuervo en 2009
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15 Mayo 2009
Escribir sobre Shakespeare
Posted by neuer under Mundo analógico | Etiquetas: 1599 un año en la vida de Shakespeare (Shapiro), Acroyd Peter, Astrana Marín Luis, Auden WH, Bate Jonathan, biógrafos, biografías, Bloom Harold, Borges, Boswell, Canettí Elias, Casanova Giacomo, Conversaciones con Goethe, Eckerman, El genio de Shakespeare (Bate), eterno retorno, Fausto, Gielgud John, Goethe JW, Historia de mi vida, Interpretar a Shakespeare (Gielgud), Johnson Samuel, Kott Jan, Las afinidades electivas, memorialistas, memorias, Nietzsche, Poesía y verdad, Prefacio a Shakespeare (Johnson), Shakespeare nuestro contemporáneo (Kott), Shakespeare o la invención de lo humano (Bloom), Shakespeare una biografía (Ackroyd), Shakespeare William, Shapiro James, Trabajos de amor dispersos (auden), Velasco José Luis, Wilhem Meister |Leave a Comment
Alguna vez he dicho que Shakespeare mejora a quienes escriben acerca de él, que Shakespeare hace interesantes a quienes le dedican su atención. Un día en que comentaba con mi padrino, José Luis Velasco, los placeres que me proporcionaba la lectura de Goethe, él me dijo: “¿Verdad que leer a Goethe engrandece?”
Es cierto. No sólo algunas obras litrarias escritas por Goethe (como el Fausto, Las afinidades electivas o el Wilhem Meister), sino también sus libros de memorias (Poesía y verdad) o las Conversaciones, transcritas por Eckerman. No es extraño que a un temperamento en ciertos aspectos tan alejado de Goethe como era Nietzsche, le pareciera que esas Conversaciones eran el mejor libro que conocía.
Sin embargo, suele decirse que Eckerman era un mediocre. No sé si lo era realmente, porque algún mérito tiene ser capaz de contar tan bien lo que otro te cuenta.
Es un reproche que también se le hacía a Boswell, el biógrafo de Samuel Johnson y autor de la que suele considerarse la mejor biografía de la historia, La vida de Johnson (yo situaría en primer lugar la Historia de mi vida, de Casanova, o tal vez las memorias de Elias Canetti). Pero ahora los biógrafos ponen en duda la insipidez de Boswell y le consideran un personaje complejo e incluso fascinante, como puede comprobar quien lea sus Diarios londinenses, publicados no hace mucho.
En cualquier caso, podemos pensar que a Boswell con Johnson y a Eckerman con Goethe les sucede algo parecido a lo que he dicho de Shakespeare: Johnson y Goethe también hacen mejores a quienes se ocupan de ellos. Como es evidente, si escribes acerca de alguien interesante, parte de lo que escribas pertenecerá a ese personaje,con lo que tienes garantizado un cierto porcentaje de interés, simplemente repitiendo lo que él dice. Si, además, eres capaz de seleccionar con cierto tino los pasajes a citar, y de escribir algunos comentarlos con un poco de agudeza, el resultado casi siempre será bueno, y a veces extraordinario.
Es sin duda por ello que durante un año intenté leer todos los recuerdos y conversaciones relacionados con Goethe trascritos por sus contemporáneos (no sólo Eckerman), y es por ello que he leido más de diez, quizá veinte libros, de conversaciones con Borges. Es evidente que los temas acaban repitiéndose, pero a mí nunca me fatigan. Soy como el niño que pide que le cuenten el mismo cuento todas las noches: “Hábleme, Borges, eternamente del eterno retorno”.
Lo mismo sucede con Shakespeare, porque una de las cosas que más me gusta es leer libros sobre Shakespeare.
Siempre me descubren algo nuevo, porque la riqueza de Shakespeare parece inagotable e inabarcable. Del mismo modo que cada siglo, como decía, creo, Goethe (o tal vez Nietzsche), inventa a sus griegos, cada siglo, casi cada década, inventa a su Shakespeare, o lo lee de diferente manera, encontrando cosas que otros no vieron (quizá porque no les interesaba verlas, o porque no las buscaban).
Pero tambien hay que decir que aunque Shakespeare mejore a quienes lo tocan, no todos extraen de él la misma riqueza. El Prefacio a Shakespeare, escrito por Samuel Johnson, sigue siendo, a pesar de su brevedad, una de las mejores cosas que se han escrito sobre Shakespeare.

Samuel Johnson
Otros autores interesantes (entre los que he leído recientemente) que merecen ser citados son: James Shapiro (1599, un año en la vida de Shakesperare), que te hace desear que Shapiro escriba otro libro para cada año de la vida de Shakespeare, o Jan Kott (Shakespeare, nuestro contemporáneo), un ensayo extraordinario.
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James Shapiro |
Jan Kott |
También me gustó mucho, auqnue no tanto cono los anteriores, El genio de Shakespeare, de Jonathan Bate, y me está esperando Interpretar a Shakespeare, de John Gielgud, y Shakespeare, una biografia, de Peter Acroyd, que se dice es la mejor biografía de Shakespeare.
Jonathan Bate |
Peter Ackroyd |
John Gielgud |
Ahora recuerdo otra biografía que me gustó, la que escribió el que seguramente sigue siendo el mejor y traductor de Shakespeare, Astrana Marín, a pesar de las críticas que ha recibido y de las nuevas traducciones recientes que han cambiado el panorama y parecen haberlo desplazado a un lugar secundario.
Luis Astrana Marín
También hay muchas cosas intersantes en las conferencias sobre Shakespeare de W.H.Auden (Trabajos de amor dispersos) aunque no las he leído todas. Sin embargo, me decepcionó bastante el esperado y celebrado libro de Harold Bloom Shakespeare o la invención de lo humano, entre otras cosas porque Bloom dedica más tiempo a criticar a los otros estudiosos de Shakespeare que a hablar sobre Shakespeare: siempre parece como si todo lo que dice fuera una respuesta a las “bobadas” dichas por otros. Es, por cierto,una acttud muy distinta a la de Samuel Johnson (el crítico al que Bloom más admira, con razón, y a quien pretende imitar):
“Puedo afirmar con absoluta franqueza de todos mis predecesores lo que espero que se diga de mí en el futuro: que ninguno ha dejado de mejorar a Shakespeare y que no hay ninguno con cuya ayuda o información no esté en deuda… a todos los he tratado con la consideración que unos a otros no han tenido la prudencia de dispensarse”.
Bloom, al contrario que Johnson, a menudo parece utilizar a Shakespeare como a un arma arrojadiza contra los críticos rivales.
Harold Bloom
Así que después de este repaso de autores que escriben sobre Shakespeare, tal vez habría que corregir la afirmación inicial y decir que lo que sucede es que las personas interesantes se interesan por Shakespeare (y que el propio Shakespeare contribuye sin duda a que aumenten esa calidad de interesantes) y que, después, algunas de ellas escriben además sobre Shakespeare, unas mejor y otras peor, pero siempre con Shakespeare muy cerca, como es obvio.
En próximos días tengo la intención de repasar algunos de esos libros sobre Shakespeare y recuperar algunos comentarios que he publicado en otras páginas. También habrá ocasión de hablar de los nuevos traductores.
Sobre Shakespeare en Todo el resto es literatura:
Además:
29 Diciembre 2008
Shakespeare y los androides
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En Blade Runner, el androide Nexus (interpretado por Rutger Hauer) dice poco antes de morir:
Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad, cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.
Es una frase justamente célebre, que nos permite entender la furia de los androides, creados con un tiempo de vida limitado. Un tiempo de vida comparado con el cual el nuestro es casi la eternidad.
La frase, según parece, se le ocurrió al propio Rutger Hauer, pues no estaba ni en la novela de Philip K.Dick (¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?) ni en el guión de la película.
Tiene un eco shakesperiano evidente y recuerda en concreto a un pasaje de La tempestad:
PRÓSPERO
Te veo preocupado, hijo mío,
y como abatido. Recobra el ánimo.
Nuestra fiesta ha terminado. Los actores,
como ya te dije, eran espíritus
y se han disuelto en aire, en aire leve,
y, cual la obra sin cimientos de esta fantasía,
las torres con sus nubes, los regios palacios,
los templos solemnes, el inmenso mundo
y cuantos lo hereden, todo se disipará
e, igual que se ha esfumado mi etérea función,
no quedará ni polvo. Somos de la misma
sustancia que los sueños, y nuestra breve vida
culmina en un dormir.
27 Diciembre 2008
El problema de la identidad 12: El sueño de Ossian
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Puedes leer los capítulos anteriores con este enlace:
12. Ossian y la falsa identidad
Hasta ahora hemos examinado la identidad como algo que se busca o se necesita. En los primeros capítulos se intentó averiguar cómo podemos identificar una cosa y decir qué es, por ejemplo, qué es un bambú japonés (La joven de Edo), qué es un carro indio (El carro de Nilinda); qué es lo que hace a un barco ser ese barco y no otro (El barco de Teseo), cómo se define la identidad de una torre de ajedrez (La torre de Smullyan), qué es lo que hace a una mesa seguir siendo una mesa (La mesa de Russell), por qué un caballo blanco puede no ser un caballo (El caballo blanco de Gonsgsung Lon), por qué la identidad está tan asociada al verbo “ser” y por qué a veces una cosa no es lo que es (El mapa de Korzybsky), por qué es un simplismo reducir una persona a sus características o a una definición cualquiera de su identidad (¿Quién es Silvia?), y, finalmente, por qué ese deseo de definir la identidad de una persona suele acarrear todo tipo de desgracias (Las identidades asesinas de Maalouf).
En el último capítulo vimos que la búsqueda de la identidad parecía universal y que todos deseamos de alguna manera poseer una identidad, lo que a veces lleva al crimen, a la discriminación de los que no la comparten, a la inseguridad si es puesta en duda, etcétera.
Sin embargo, existen situaciones en las que las personas no buscan su identidad, o al menos no buscan una única identidad, sino que desean librarse de ella por diversos motivos o fingir otra identidad. Uno de los casos más llamativos es el de los impostores.
Los impostores
Los impostores ocupan el lugar de otras personas, suplantando su identidad. En ocasiones se trata de un cambio de identidad pasajero, como un espía que se introduce con un nombre falso en terreno enemigo. Suele existir entonces una doble identidad: la persona sigue siendo quien era, aunque se presente a los demás como otra. Aunque finge durante una parte del tiempo, en la soledad de su cuarto (o de su conciencia) sigue siendo quien era. A veces, es cierto, alguien comienza fingiendo pertenecer al bando al que no pertenece y acaba decidiendo que desea cambiar de bando.
En la historia del espionaje hay muchos ejemplos de espías dobles. Un espía doble sería, por ejemplo, un norteamericano que espiase en la Unión Soviética durante la Guerra Fría, pero que en realidad ha sido captado por los soviéticos y espia para ellos. De este modo, trasmite información a los americanos que los rusos le proporcionan voluntariamente. Al mismo tiempo, el espía doble obtendría información útil para sus nuevos jefes. Su misión es hacer creer a los americanos cosas que a los soviéticos les conviene que crean. Por otra parte, su aparente eficacia como espía podría servir para que los americanos no mandasen a un espía más peligroso (es decir, no captado por los soviéticos).
Pero también se han dado casos de espías triples: alguien que espía para los norteamericanos, pero que en realidad espía para los rusos… pero que en realidad espía para los americanos que saben que los rusos creen que espía para ellos. Y así se podría seguir, hablando de espías cuádruples, quíntuples, etcétera.
Además, la cosas se puede complicar si ese espía en realidad no está al servicio de los americanos ni de los rusos, sino de otra potencia u otros intereses.
El creador de la logia P2 (Propaganda Due) era uno de estos casos en los que resulta difícil saber cuáles eran sus intereses: tenía relación con antiguos nazis, pero también se sospechaba que espiaba para la Unión Soviética, pero también que tenía relación con la mafia, pero también que con Perón en Argentina, pero también con el Vaticano, pero también con diversas sociedades secretas. ¿A quién servía Licio Gelli? Se sospecha que, en primer lugar, a sí mismo por supuesto, pero, ¿tenía claro el propio Gelli a quién servía y a quién traicionaba?
Licio Gelli cuando se ocultaba tras una identidad falsa, la del Ingeniero Luciani
Otros impostores, en esta esquizofrenia de la doble identidad, acaban creyéndose que son aquel que fingen ser. Así le sucedía, al parecer a Anna Anderson, que decía ser la princesa Anastasia, última superviviente de los Romanov, asesinados tras la Revolución de octubre. Lo curioso del caso es que muchos de los que conocieron a Anastasia creyeron sinceramente que Anna era la princesa y que habría sobrevivido de alguna manera a la muerte de su familia, a pesar de que ella hablara en alemán (decía que no quería usar el ruso porque era una lengua que le habría producido un trauma insuperable). Otros impostores famosos han hecho lo mismo, fingiendo una laguna en su memoria, casi siempre más asombrosa que esa fingida identidad.
No es lo mismo que un impostor engañe a quienes no tienen suficientes elementos de juicio para descubrir la estratagema que aquel que consigue engañar a personas que conocieron a la persona cuya identidad finge. Uno de los casos más notables es sin duda el de Martin Guerre. Tras tres años desaparecido, regresó a su pueblo y vivió con su mujer durante seis años, teniendo dos nuevos hijos. Ella le reconoció como su marido, a pesar de que había circunstancias que hacían muy improbable que lo fuera: le había desaparecido una cicatriz sobre el ojo, era más bajo y calzaba, según observó el zapatero del pueblo, un número de pie más pequeño. Cuando el fingido Martin Guerre quiso empezar a meter mano en los dineros de la familia comenzaron las sospechas (pero no por parte de su mujer) y se celebró un juicio. algunos vecinos y familiares testificaron a favor de aquel hombre y otros en contra. Cuando el juez se disponía a dictar sentencia, se produjo una situación que, como señala Sarah Burton, hizo inevitable que el caso acabara convirtiéndose en una película: el verdadero Martin Guerre entró cojeando en la sala donde se estaba juzgando al hombre que decía ser Martin Guerre.
Cartel de la película que cuenta la historia de Martin Guerre
Hasta que regresó el verdadero Martin Guerre, el falso Martin Guerre tuvo que renunciar a su antigua personalidad y vivir en un ambiente en el que todos le consideraban otra persona distinta a la que hasta entonces había sido. Al parecer estaba satisfecho de su nueva identidad, y probablemente empezaba a olvidar que antes había sido otra persona. O tal vez pensaba que seguía siendo quien era aunque ninguno de los datos externos coincidiera, empezando por el nombre.
En Teseo y la identidad nos preguntamos con la Julieta de Shakespeare qué hay en un nombre, y ahora descubrimos que hay bastante, al menos en el caso de Martin Guerre.
En la película El intercambio (Clint Eastwood) también se cuenta un caso real. El de una mujer a la que le devuelven a un niño diciéndole que es su hijo. La insistencia del resto del mundo a veces puede hacer creer a alguien que no es quien es o que no conoce a su propio hijo (ella, a pesar de que apenas duda, mide al niño para comprobar que es más bajo que su verdadero hijo.
En algunos casos sucede lo contrario a los ejemplos antes mencionados: son los demás lo que ponen en duda una identidad que no ofrece lugar a tales dudas. Uno de los ejemplos es Shakespeare, de cuya verdadera identidad se ha dudado a menudo. No es se ponga en duda que el hombre llamado William Shakespeare fuera realmente William Shakespeare, lo que se pone en duda es que ese hombre fuera el autor de las obras que atribuimos a alguien llamado “William Shakespeare”.
Lo curioso del caso es que, en la época de Shakespeare nadie dudó de su identidad, y hay suficientes indicios como para no dudar de que ese hombre llamado William Shakespeare escribió las obras que se le atribuyen. Fue sólo posteriormente, cuando empezó a quedar claro que Shakespeare era no sólo el autor más grande de la literatura inglesa sino también de todas las literaturas, cuando algunos empezaron a considerar que aquel actor y empresario de baja condición no podía ser el autor de las excelsas obras que se le atribuían. Se propusieron y se siguen proponiendo nombres y más nombres para arrebatarle a William Shakespeare, de Stratford Upon Avon, la autoría de sus obras. Casi todos nombres, desde Edgard de Vere a Francis Bacon.
Eso nos muestra que, al contrario que en el caso anterior, un nombre no es suficiente para definir a identidad.
Ni siquiera lo es una suma de indicios que ofrecen poco lugar a la duda de que Shakespeare fuera no sólo el que firmaba, sino también el que escribía las obras de Shakespeare. Cualquier identidad se puede poner en entredicho si se busca suficiente.
O cualquier persona puede adquirir casi cualquier identidad, como nos muestra el caso de Jack el Destripador, a quien se le ha atribuido todo tipo de identidades. También se ha buscado, hasta ahora sin una certeza indiscutible quién era Jack el Destripador, y casi siempre se ha apuntado muy alto, señalando incluso al príncipe heredero, como si, al igual que sucedía con Shakespeare, alguien tan célebre no pudiera ser de baja extracción. El escritor Arthur Conan Doyle, médico de profesión, y emparentado con los reyes de la dinastía Plantagenet, es uno de los sospechosos, aunque también lo es Sherlock Holmes, Watson o el malvado Moriarty. En los tres caso existe el fuerte impedimento de que esos tres sospechosos nunca han existido. También se duda, por cierto, acerca de la identidad del autor de las aventuras de Sherlock Holmes, el ya mencionado Conan Doyle.
Como se ve, los británicos suelen sentir una gran incertidumbre hacia todo lo que se refiere a la identidad. Otro ejemplo famoso, en este caso escocés, es el del poeta celta Ossian.
A principios del siglo XIX, el investigador y folklorista McPherson publicó los poemas de un ciclo mitológico escrito por un poeta celta llamado Ossian, en el que se contaban las antiguas leyendas de Escocia e Irlanda. Toda Europa quedó fascinada por esta nueva épica, que muchos compararon con La Ilíada, a menudo para considerarla superior, como hizo ni más ni menos que Goethe. Sin embargo, se acabó demostrando que los poemas habías sido escritos por el propio McPherson. A partir de ese momento los poemas cayeron en el olvido y ya nadie los apreció, excepto como ejemplo de falsificación.
El sueño de Ossian, de Ingres (en una primera versión) pintado cuando Ossian todavía era Ossian (y no McPherson).
La historia de Ossian es un buen ejemplo de cómo nos influye la identidad: el hecho de que unos poemas los haya escrito un bardo celta del siglo XI o un folklorista escocés del XIX nos hace leerlos de otra manera y transforma nuestro entusiasmo en desprecio.
Pero no siempre se finge otra identidad, a menudo hay quien cree ser realmente otro. El caso más célebre de la literatura es Don Quijote de la Mancha de Cervantes.
Alonso Quijano, de tanto leer libros de caballerías, cree ser Don Quijote, un caballero andante que tiene que desfacer entuertos, salvar princesas y luchar contra gigantes y dragones. Lo curioso del caso es que Alonso Quijano no se limita a cambiar de identidad, sino que se la cambia a todo lo que le rodea, desde Aldonza Lorenzo, que se convierte en Dulcinea del Toboso hasta los molinos que se convierten en gigantes o su propio caballo, el flaco rocín que se convierte en Rocinante. El único que no parece cambiar de identidad es Sancho Panza: Don Quijote se limita a nombrarle su escudero, pero sin cambiarle ni olvidar nunca que en realidad es sólo un mozo de cuadra. Don Quijote no es un impostor, por supuesto, sino que pertenece a otra célebre enfermedad relacionada con la identidad, no con la identidad fingida, sino con la identidad perdida: los locos.
Examinaremos la estrecha relación entre identidad y locura en el próximo capítulo.
26 Diciembre 2008
La ley de Hofstadter
Posted by neuer under Mundo analógico | Etiquetas: Chesterton, guión, guionista, Hofstadter, Las paradojas de Mister Mister, Las paradojas de Mister Pond, Las paradojas del guionista, ley de Hofstadter, paradojas |Leave a Comment
Douglas Hofstadter es el autor de una ley que lleva su nombre:
Ley de Hofstadter:
“Todo lleva más tiempo de lo que se piensa, incluso teniendo en cuenta la Ley de Hofstadter”
Una prueba del acierto de la Ley de Hostadter es una página que inicié hace varios años, en la que quería incluir diversas leyes, principios y normas más o menos paradójicas. Inicié la página con el llamado “Efecto Hawthorne” y prometí nuevas paradojas. Pasó el tiempo, e incluso entre tanto publiqué Las paradojas del guionista, donde enumero más de 40 paradojas relacionadas con el guión, pero la página de las paradojas siguió como el primer día.
Para que no trascurra un año más, hoy, apenas unos días antes del 2009, hoy recupero esa página e incluso le cambio el nombre. Se llamaba “Las paradojas de Mister Mister”, porque no se me ocurrió nada mejor en ese momento (se trataba de un homenaje a Las paradojas de Mister Pond, de Chesterton, y un intento de paradoja con el juego ” señor Señor”, lamentable, es cierto). Como ahora tampoco se me ocurre nada mejor, lo llamaré simplemente Paradojas, pero espero cambiarlo en cuanto se me ocura algo mejor.
Puedes visitar la nueva página con este enlace:
24 Diciembre 2008
El decepcionismo
Posted by neuer under Mundo analógico | Etiquetas: comic, Daniel Tubau, decepcionismo, El brillante, El Faro de Vigo, filosofía, Franco Fernando, Gortari Blanca, La verdadera historia de las sociedades secretas, Las paradojas del guionista, leyes, Marx Groucho, mitología, muerte, Sociedad Decepcionista, Universidad Complutense |Leave a Comment
En la tapa interior de La verdadera historia de las sociedades secretas se puede leer:
Daniel Tubau es guionista y director de programas y series de televisión y autor de Las paradojas del guionista (Alba, 2007) Apasionado por la filosofía, la mitología, el comic y todo lo relacionado con la muerte, es también miembro fundador de la Sociedad Decepcionista.
Me han preguntado varias veces qué sociedad es la Decepcionista. El periodista Fernando Franco, del periódico Faro de Vigo, me dijo que había estado buscando información en Internet acerca de esa sociedad y que no había encontrado absolutamente nada. Esa es la prueba de lo secreta que es la Sociedad Decepcionista, tan secreta que ni siquiera sus miembros, excepto yo, saben que pertenecen a ella.
Cuando terminé el libro sobre las sociedades secretas pensé si podía añadir algo que me relacionase directamente con alguna de ellas. Puesto que siempre he seguido el precepto de Groucho Marx de no pertenecer a ningún club que me adimita como miembro, lo más cercano que encontré fue el Decepcionismo, un breve movimiento filosófico en cuyo desarrollo sí participé.
El Decepcionismo fue creado en una cafetería de el barrio de Argüelles de Madrid, junto a la calle de la Princesa, llamada, si recuerdo bien, El brillante. Allí estábamos un día del siglo pasado cinco amigos de la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense, dos chicos y tres chicas. No sé por qué razón, pensamos en la posibilidad de crear una nueva tendencia filosófica. Tras pensar en diversas posibilidades, alguien propuso el Decepcionismo.
Enseguida empezamos a definir el decepcionismo, a describir sus rasgos fundamentales, a establecer incluso sus leyes. Apuntamos lo que se nos ocurría en papeles sueltos. Yo conservo uno de ellos (aunque ahora soy incapaz de encontrarlo), y sé que Blanca Gortari anotó en una carpeta azul bastantes cosas. Ignoro si existen más testimonios del Decepcionismo.
Una de las cosas más interesantes eran las leyes del Decepcionismo, que tal vez eran ocho, diez o doce, pero de las que yo sólo recuerdo tres, y ni siquiera estoy seguro de si mi recuerdo es preciso y exacto. Pero intentaré enumerar aquí esas tres leyes.
Las leyes del Decepcionismo
1ª Ley: Todo es decepcionante
2ª Ley: Si se diera el caso de que no todo fuera decepcionante, eso sería muy decepcionante.
3ª Ley: En el caso de que la segunda ley del Decepcionimo fuera cierta, ello confirmaría la verdad de la primera ley del Decepcionismo.
23 Diciembre 2008
Las moscas, Hofstadter y los vampiros
Posted by neuer under Mundo analógico | Etiquetas: Ball Alan, biblioteca, cerdo, comunicación animal, Godel-Escher-Bach, Hofstadter, La lógica de los vampiros, libros, moscas, mosquito, qués y quiénes, Roberta (mosca), sangre, seres humanos, Shreck, Six Feets Under, tomate, TRue Blood, vampiros |Leave a Comment
Se acaba de publicar un nuevo libro de Douglas Hofstadter, el autor del legendario Godel, Escher, Bach, uno de los libros más anotados de mi biblioteca (algún día subiré algunos comentarios que escribí cuando lo leí). Ya habrá ocasión de comentar, supongo, muchas cosas de este nuevo libro, pero ahora quiero hablar tan sólo de la relación de Hofstadter con las moscas y consigo mismo.
Como sabrás, atento lector o lectora que generosamente me entregas tu tiempo, hace unos días publiqué una pequeña y modesta investigación acerca de cómo comunicarse con una mosca, concretamente con Roberta, una mosca a la que tuve el placer de conocer durante unos días.
Quizá te pareció que el asunto no valía la pena, aunque he recibido un simpático comentario (¿es tuyo?) que parece demostrar que no soy el único interesado en la cuestión.
Adorable, la historia de Roberta…
Realmente se querría comunicar contigo, pero simplemente no la supiste escuchar a tiempo. (comentario completo en Cómo comunicarse con una mosca-comentarios)
Ya somos dos interesados en la comunicación con las moscas. Tres, si contamos a Douglas Hofstadter.
En su deliciosa introducción a su suevo libro, Hofstadter dice prácticamente lo mismo que decía yo acerca de la relación con moscas, mosquitos y otros animales:
“Corto en rodajas un tomate y lo devoro sin el más leve sentimiento de culpa… Para mí un tomate es un ente sin alma, carente de consciencia o de deseos, y no tengo escrúpulo en hacer con su “cuerpo” lo que quiera. En realidad, el tomate no es más que ese cuerpo. Los tomates no sufren el problema de la “dualidad cuerpo-mente”. (¡Espero, querido lector, que esté de acuerdo conmigo!)
Del mismo modo, aplasto mosquitos sin remordimientos, pero suelo evitar pisar hormigas y cuando se cuela en casa algún insecto que no sea un mosquito), normalmente trato de capturarlo y echarlo fuera sin hacerle daño.”
Como se ve, Hofstadter es tan incapaz como yo de matar a una mosca, aunque sí aplasta, y yo también, mosquitos.
Después cuenta Hofstadter su relación con seres vivos más grandes que las moscas o los mosquitos, como los cerdos, y las razones que le llevaron en distintos períodos de su vida a intentar diversos tipos de vegetarianismo (desde no comer carne terrestre, pero si marina, a no comer ningun tipo de carne). Es algo en lo que también coincido, pues yo también he vivido etapas casi idénticas, y por las mismas razones: el sufrimiento de los seres vivos, no la salud. Es posible que ahora, la infleuncia de Hofstadter me lleve a iniciar de nuevo el vegetarianismo, aunque tengo algunas dudas, relacionadas precisamente con la salud (creo gozar de mucha mejor salud desde que he vuelto a comer carne). Pero el tema de esta entrada son las moscas y otros insectos similares.
Hostadter dice que a menudo se planteaba, al ver un cerdo en la carnicería,
“quién había habitado esa cabeza, quién había vivido allí, quién había visto a través de esos ojos y oído a través de esas orejas, quién había sido realmente ese trozo de carne”.
No creas que Hoftadter utiliza accidentalmente el “quién” para referirse a un cerdo: dedica un interesante apartado a la distinción entre los qués (cerdos, vacas, atunes, moscas) y los quiénes (personas, perros, gatos).
Pero Hofstadter no sólo ha preguntado eso en relación con los cerdos:
“Alguna vez me he planteado la misma cuestión cuando he aplastado una hormiga, una polilla o un mosquito (pero debo reconocer que no muchas). Mi instinto me dice que la pregunta de “quién habita en ese cuerpo” tiene menos sentido en estos casos. No onstante, la visión de un insecto parcialmente aplastado, retorciéndose en el suelo, siempre provoca en mí ciertos remordimientos”
Lo mismo, como sabes, me sucede a mí, y por eso intenté comunicarme con la mosca Roberta para salir de dudas (ahora lo intentaré con un ratoncitó llamado Shreck, que pasará unos días en casa).
Todas estas disquisiciones pueden parecer un poco absurdas, vistas, claro está, desde nuestro punto de vista de seres humanos, pero, ¿qué sucede si aplicamos la lógica de los vampiros?

En la serie True Blood de Alan Ball (American Beauty, Six Feets Under), los vampiros deciden salir a la luz (pero no a la luz del día) porque los japoneses han inventado una deliciosa sangre sintética. Ya no necesitan morder a los humanos para alimentarse (los vampiros no pueden comer ni beber nada, excepto sangre). Así que ahora muchos de ellos empiezan a preocuparse por no caer en la tentación de beberse a un humano: hay algo inmoral en ello, ya que pueden beber sangre sin matar o vampirizar a su propietario. Pero durante siglos, la lógica de los vampiros era no plantearse demasiado “quién habitaba en ese cuerpo”. Los humanos éramos sólo qués no quiénes. Aunque tal vez algún que otro vampiro, de vez en cuando, al aplastar a un humano dejándole sin sangre, sintiera algún remordimiento.

“Los amigos no dejan que los amigos se beban a los amigos”
HBO recomienda a los vampiros beber con moderación
Sobre el punto de vista de los vampiros escribí un pequeño cuento o ensayo llamado La lógica de los vampiros, que tal vez suba a la página que voy a dedicar a mis libros publicados y no publicados, pero que se retrasa por problemas con el programa Dreamweaver CS4.
22 Diciembre 2008
Amistades y portadas de hace tiempo
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En una conferencia que di este verano en Ávila uno de mis colegas era Miguel Vázquez, con quien, en la comida posterior, acabamos encontrando amistades comunes. Los dos habíamos sido amigos de Dominique Forest, un extraordinario pintor, de quien ambos recordábamos con asombro un cuadro de un campo de espárragos pintado con lápices de colores. Los dos, y de nuevo Dominique, también habíamos estado relacionados con una revista llamada La matraca. Él, creo recordar, como director, yo como modelo de portada.
He encontrado esa vieja portada, en la que posamos juntos mi hermana Natalia y yo. La fotografía (y el retoque), creo que fueron hechos por el propio Dominique, que era amigo de mis padres, de quien recuerdo muchas cosas y a quien espero volver a ver pronto.

18 Diciembre 2008
Conferencia sobre las sociedades secretas
Posted by neuer under Mundo analógico | Etiquetas: Alba editorial, asesinos, carbonarios, cátaros, Círculo Interior, Club Bilderberg, Club Faro, comuneros, credulidad, cristianos, Daniel Tubau, Eco Umberto, esenios, Faro de Vigo, Francia, Franco Fernando, hassasin, herejes, Jesucristo, jesuitas, Judas, Ku Klux Klan, La verdadera historia de las sociedades secretas, Mafia, maniqueos, mannerbunde, masones, mentira, monarquía, ocultistas, Papa, Papado, periodismo, Pinacho Antonio, Plinio el Viejo, Priorato de Sión, REnacimiento, rosacruces, Sabios de Sión, satanismo, sexualidad, sicarios, Sociedad Thule, socieddades secretas, Viejo de la Montaña, Waite A.E., Yakuza, zelotas |Leave a Comment
Copio aquí la excelente crónica de Fernando Franco que se publicó en el periódico Faro de Vigo a propósito de la conferencia que di en el Club Faro de Vigo.

Tubau: “Hoy quizás hay más sociedades secretas que nunca, pero registradas”
“Si levantaran la cabeza muchos de los antiguos miembros de estas comunidades se avergonzarían al saber en qué han derivado; muchas sólo buscan ingresos”
“Hoy quizás haya más sociedades secretas que nunca pero, paradójicamente, no son secretas sino públicas porque están obligadas a registrarse por ley. Y de eso se puede deducir que no es la prohibición,a lo largo de la historia de estas sociedades, la razón de su existencia como tales ni la que les genera sus miembros”.
Esa fue una de las afirmaciones vertidas ayer por Daniel Tubau, guionista y director de programas y series de televisión, en su charla en el Club FARO sobre “La verdad oculta de las sociedades secretas”.
Presentado por el periodista de FARO Antonio Pinacho, más que hacer consideraciones prefirió Tubau dar muy variadas pinceladas de todo un magma de sociedades secretas que habrán existido o no a lo largo de la historia pero se han nombrado. Y empezó por abordar la diversidad de perspectivas con que podemos valorarlas.
“Puede ser -dijo- una organización de cuya existencia no se supo, aunque sí mucho tiempo más tarde, como la de los cataros, herejía medieval. Están, por otro lado, las sociedades secretas que pudieron haber o no existido, como la de los rosacruces; o aquellas de las que siempre se habló pero se ha demostrado como falsa su existencia, como la de los Sabios de Sión, el Priorato de Sión, el Círculo Interior de los Jesuítas…Y, en cuarto lugar, las que no cabe duda de que existieron como la de los masones en las que el secreto, está, si acaso, en saber lo que hacen”.
Tubau habló, como en su libro, de la esencia de estas sociedades, las que presumen de poseer un conocimiento secreto, algo que podría destruir o salvar a la Humanidad, por ejemplo:
“Yo no hablo -afirmó- ni he escrito sobre las criminales (Mafia, Yakuza…), sobre las revolucionarias o políticas (carbonarios, comuneros, iluminados de Baviera…), sobre las conspirativas o racistas (Club Bildeberg, de la que mucho es inventado, Ku Klux Klan, Sociedad Thule…) o sobre las satánicas o sexuales”.
Pero de las que sí habló aunque pasando rápido por ellas por lo muchas que son para el tiempo de que disponía, fueron de otras como los citados rosacruces, los de la Escuela de la Noche, coetáneos de Shakespeare, las primitivas” mannerbunde” o sociedades de hombres, los sicarios, zelotas y esenios, la misma sociedad secreta cristiana de los primeros tiempos…”No todas las sociedades secretas persiguen los mismos objetivos -dijo-y hay diferentes motivaciones para entrar en ellas”.
Leyó,por ejemplo,el juramento de los rosacruces:
“Nunca adscribir la orden a ningún demonio o espíritu sino sólo a Dios; rechazar vicios tales como la pereza, la incontinencia y la suciedad; asistir con todo su saber a aquellos que necesiten ayuda; no usar ese conocimiento para obtener poderes o autoridad…”
Dice Tubau que, aunque parezca decepcionante, no existe ninguna conexión probada entre las sociedades secretas de la Antigüedad o la Edad Media y las modernas, con la excepción de los masones medievales y los modernos, aunque en aquel tiempo eran gentes relacionadas con el mundo de la construcción y que guardaban secretos relacionados con la misma.
“Como dice Eco, cuando se buscan conexiones se encuentran; pudiera haberlas pero no pueden ser documentadas”.
Vergüenza
“Si levantaran sus cabezas miembros de algunas sociedades secretas en sus comienzos se avergonzarían de lo que han hecho con ellas o en qué han derivado. No se puede ocultar que muchas de las actuales tienen como primer objetivo obtener ingresos gracias a la incredulidad de sus adeptos.Y lo cierto es que consiguen grandes resultados a pesar de que estamos en una era científica. Pocas veces ha habido tanta credulidad como la hay ahora, salvo en la época renacentista”.
He ahí otra de las ideas de Tubau vertidas en el libro que acaba de sacar en la editorial Alba,”La verdadera historia de las sociedades secretas”. Y desde luego, piensa él para no confundir más y parafraseando a A.E. Waite: “la historia del ocultismo no debe ser escrita por ocultistas”.
Entre cristianos, sicarios, esenios y zelotes
En su recorrido por las diversas sociedades esotéricas se paró en los llamados sicarios, esenios y zelotes, propias de! pueblo judío en la antigüedad.
“Se especuló sobre si Jesucristo era de los sicarios, más belicosa, a la que sí pertenecía Judas, o la de los esenios, más pacífica, a los que Plinio el Viejo consideraba los más santos de todos los creyentes. Tengan en cuenta que el pueblo judío vivía en una zona fronteriza con varias culturas, como la egipcia, asiría, hitita… y eso hizo que se viera implicado en numerosas guerras con sus vecinos. , entre ellos habla de los sicarios, que cometían sus asesinatos no sólo contra los romanos invasores sino contra cualquier judío que consideraran tibio, y fueron considerados uno de los primeros grupos terroristas, serían como la facción extremista del movimiento zelote.que predecía la llegada del Reino de Israel y así se llamaba a Simón,uno de los discípulos de Cristo: el zelote”.
Los maniqueos
Paseó su palabra también por los cristianos: “Durante unos 200 años -afirmó- tuvieron que vivir en secreto porque eran perseguidos. En sus inicios el cristianismo fué una religión en dificultades y los cristianos tenían conciencia de estar separados del resto de la sociedad gracias a su iniciación por el rito del bautismo. Enfrente tenían también a los mitraístas,que era la religión preferida por los soldados romanos”.
Habló también de los maniqueos, que sostenían que existían dos principios cósmicos enfrentados; los gnósticos, cuya intención era buscar lo oculto tras lo aparente; los “asesinos” o “”hassasin” musulmanes, una secta de asesinos nacida al final del siglo XI; los cataros, que cuestionaban el poder de la Iglesia…
“Se habla -dijo- del conocimiento secreto que buscaban todas estas sociedades pero [ese conocimiento secreto] no suele coincidir con el que se cuenta. Y la mayoría de las historias son falsas”.
He corregido algún error, inevitable al dar una conferencia, como el que cometí al confundir en un momento dado a los cátaros y los templarios en su relación el el rey de Francia y el Papa. También la cita de Eco, que no decía que cuando se buscan conexiones no se encuentran, sino que sí se encuentran. es decir, que es muy fácil encontrar conexiones entre casi cualquier cosa, por ejemplo, dos sociedades secretas, cuando se desea encontrar tales conexiones.
Podría matizar más cosas y otros errores que cometí, pero no vale la pena porque todo el mundo sabe que una conferencia no es un libro, que es fácil caer en inexactitudes e imprecisiones y que tampoco se le puede exigir al periodismo un rigor extremo, incluso cuando se cuenta con un periodista tan capacitado como Fernando Franco. Todo resumen, y las conferencias y el periodismo son esencialmente resúmenes, implica una cierta distorsión, que casi siempre (no es este el caso) es casi indistinguible de la mentira.


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